INVITADA ESPECIAL
NURIA SUAYA

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Poemas del libro Samar
(Patronus Ediciones, 2025)

Samar (conversación en la noche)

Cuentan que cuando fue joven
también mi padre estuvo enamorado.
Su amante persa fue deportada a Irán
y no supo más de ella. Con el sueldo que ganó el oficial
al arrancarles ese amor de entre las manos
¿habrá comprado algo mejor?

Marjane Satrapi de Teherán
cambió su velo por un pasaje a París,
vivió la guerra en carne propia y aún así el amor
fue su valija más pesada. Tarek también partió a París
dejando a May sola en Beirut
dejando a May solo en sus cintas de super 8
velando una ciudad también partida.

Ari Folman cayó a Beirut como un misil
con veinte años y el corazón roto
disfraz verde soldado y ametralladora israelí
para olvidar el dolor junto a Bashir
matando palestinos en Shatila
matando enamorados que hoy en día
de haber vivido hubieran muerto al fuego en Gaza.

Por la montaña Musa Dagh descendió el pueblo armenio
pero subió la bala turca que separó a Mikael de Ana.
La novia siria quedó varada en el Golán
hasta morirse con su vestido blanco.
Tuvo derecho a no esperar
a protestar y a enamorarse.

No voy a ser Sherezade
y postergar el deseo mil noches
si en esta duermo con quien amo.
Quiero firmar la paz por un desvelo
por nuestro encuentro
por este verso.

Cedro libanés

Mirando el cedro, descanso
entre el sol y la sombra.
Vuelvo a sentir el aroma del tronco
cuento los nidos que invaden sus ramas.

Si mi padre no hubiera volado
desde Beirut hasta Buenos Aires
en vez de pájaros contaría misiles.

Poema para Ido

“Hay cosas que no se dicen en dos lenguas.”
Abbas Beydoun

Tuve un amigo que perdió la cabeza.
En mi idioma su nombre significa loco
o persona fuera de sí, que se halla lejos
que está falta de juicio.

Tuve un amigo que perdió el juicio
por una guerra y se hizo francotirador
disfrazado de verde como los tanques Merkava.
La misma mano que años atrás
yo agarraba segura
abrazada a su pecho
por un disparo se aferró al gatillo.

Tuve un amigo que perdió el gatillo
baleando a una mujer que llevaba mi nombre.
Del otro lado del mundo, un cuerpo homónimo al mío
rodeado de otros gritando Nur
chorreante rojo en el piso
lo convirtió en enemigo.

Tuve un amigo que se perdió en su lengua
y tradujo como fuego al hebreo
mi nombre árabe, que significa luz.

Ramadán

Esta noche última de Shaban
el último profeta no se hace presencia
ni el arcángel llega con su primer mensaje
porque tiene las alas llenas de ceniza.

En el noveno mes del año islámico
lo único que nace bajo la luz de Rafah
es el ayuno que no responde a la fe
y pasado el ocaso
empuja el cuerpo de un niño desnudo
al borde de la frontera.

Wadi Al Asal

“Cuando dijiste que el poeta es una especie de
historiador, es así: me preocupa la historia. (…)
Pensás que escribís sobre el pasado, pero en
realidad estás escribiendo sobre el futuro.”
Najwan Darwish

Por el río seco de las granjas de Sheeba
ayer corría el agua.
Los pájaros bailaban a sus orillas
y mojaban sus cantos en la vaguada.
Imaginá esa tierra ocupada
ya no por tanques israelíes
sino por un río de miel
que bañara en su dulce
a todas las bocas drusas
y las regara de nuevo
con frutos de la cosecha.

Ahora ese suelo es infértil,
el vacío del río se escucha
sus ecos en la noche lloran
rezando por una tormenta.

Algún día va a despertarse la lluvia.
En tiempos de guerra y sequía,
un poeta oficia de historiador.
Recuerda que antes de los misiles
había pájaros pintando el cielo.

Poemas de la serie AU1 (inéditos)

Manifiesto AU1*

Soy la autopista 25 de Mayo.
Soy un instante de Dellepiane a Huergo.
Soy un dispositivo de control
montando un horizonte inmóvil
para evitar tu desvío.

Soy aquel primer latido
de la ciudad arterial fantaseada
del sueño húmedo de mi impulsor
mi casa-cazador mi intendente de facto
gran brigadier Cacciatore
que sobre un mapa trazó una línea
sin ver la calle ni ensuciarse el zapato
de la mugre que evitó soy
el asfalto mojado
brillante ante los vehículos soy
la senda del silencio
el rugido fatal de las topadoras
demoliendo viviendas para construirme soy
el martillo incesante de los obreros
los vecinos y escombros de Chacabuco
los vecinos rebeldes de Curapaligüe.

Soy también el rumor de la noche
inundando las calles del sur del sur
que del sur nace y al sur se muere
que al cielo mira y al suelo desoye
mientras aves rapaces sobrevuelan sus restos
soy mis restos en la reserva ecológica natural
piedra triturada que terminó en el río
y como un río artificial desemboca
en un movimiento bruto
una risa veloz
una ruta fugaz
que a sus costados ignora
la sangre de esta ciudad
una ciudad que los militares
soñaron para ellos mismos.

*Nombre técnico de la autopista 25 de Mayo de CABA, construída en 1980 durante la dictadura cívico militar de 1976 a 1983 en Argentina bajo la intendencia de Osvaldo Cacciatore.

Sueña AU1

Sueño en mi cuerpo con el vapor de una nueva mañana
silenciosa húmeda esperanzadora
ya sin smog, llena de niebla
donde los autos chirriantes
sobre el concreto de mi corazón
no sean más que tiernas
lentas ovejas eléctricas
inofensivas máquinas sin obediencia
soñando con ser árboles entre sus raíces soleadas
esta noche de androides la distopía porteña
me arropa cual madre fantasma
y sueño como sin nadie yendo voy
a ningún lado, a mi destino
a transformarme en el río
donde me esperan mis restos, por ellos sueño
con inundar esta ciudad
de mis ideas subversivas volcadas
como vehículos caídos del borde
sueño con algo, ser algo
distinto a una daga
ya no una línea en el mapa
cortando la ciudad en dos
sino un desafío
una gota de agua
manchando
el límite imposible del plano.

AU1 llama a la calle Perón

¿Cómo se siente llevar
tu nombre? ¿Cómo se siente escuchar
a esos peatones distraídos
que al pisarte olvidan cualquier historia,
cómo se siente escucharlos
nombrarte con el nombre que tenés?

Ya no enterrado cual diario Democracia
ya no proscripto por ningún decreto
ya no Cangallo

Si no calle cubierta cuadra a cuadra por carteles
que con sus letras blancas gritan la voz
de tu verdadero nombre:
Teniente General Juan Domingo Perón.

"Mi mayor inspiración en este momento son mis compañeros de taller y la gente que voy a escuchar a ciclos de lectura"

Conversando con la autora

En tu último libro, Samar, tenés una escritura que está muy ligada a todos los conflictos del Oriente Medio, ¿eso viene por una cuestión de linaje familiar? Y en caso de que sí, ¿cómo fue que tomaste la decisión de utilizarlo en el libro?

El personaje que yo armo en Samar no es autobiográfico, no es documental. Mientras escribía los poemas presté mucha atención a eso, a construir un personaje que estuviera ligado tanto como a este territorio asiático como también a la Argentina, a Sudamérica. Como crear un poco ese puente, me interesaba crear una voz desde ese lugar pero que no es la mía. En el libro trabajo con esta idea del padre árabe porque me parecía que tenía mucha más potencia que un abuelo, que es el caso de mi familia (mi abuelo era libanés y se vino a la Argentina). Toda la cultura árabe en mi familia fue muy ocultada y muy metida debajo de la alfombra, que es algo que siempre me pareció muy interesante: esta cosa de cómo toda esa cultura fue suprimida pero que aparece en pequeños detalles, desde la comida, las formas de vincularse o, incluso, la literatura.

Quizá los hermanos de mi papá no están de acuerdo, pero tengo entendido que el único que tuvo el interés de retomar esa cultura fue mi viejo. Creo que, a partir de ahí y de robarle libros a él, de todo lo que pasó a partir del 7 de octubre… cosas que ya venían pasando pero que se intensificaron y que empezaron a llegar también acá mediáticamente, de una manera muy filtrada, pero que a mí me conmovió bastante y me hizo pensar que en ese territorio, de repente, había toda una suerte de cuestiones que, si bien tienen sus problemáticas particulares, también están muy ligadas a una colonialidad y que también son, de alguna manera, problemáticas que, en otras medidas, padecemos nosotros en Sudamérica. Entonces, había algo de eso que me interesaba contar: por qué, de alguna manera, se separa tanto estos dos lugares del planeta y se hace de cuenta de que no tienen ningún tipo de vínculo cuando están muy metidos en nuestra cultura. En Argentina la comunidad Sirio-Libanesa es el tercer grupo migratorio más grande, después de los españoles y los italianos. Sin embargo, está muy borrado eso y es algo que no se nombra y ese no nombramiento es puramente político. Me interesaba traer eso.

En particular, yo también tuve una relación con un israelí que me hizo repensar ese tipo de cuestiones, como encontrar ciertas cosas en común que me hizo repensar también esta cosa de la herencia que antes no podía ubicar o nombrar conscientemente porque estaba muy borrada de manera intencional. Hubo algo de ese momento de, por un lado, esa relación y también, por el otro, de revincularme con mi papá y con esa cultura de una manera nueva que me gustó mucho. Y también hacerlo desde la poesía. Coincidieron esos tres momentos, si bien con mucho dolor de lo que estaba pasando y lo que sigue pasando, que es el genocidio palestino y, ahora también, la ocupación en el Líbano, también fue muy hermoso encontrarme con todo eso y es un viaje en el que medio sigo todavía.

Dijiste que le robabas libros a tu papá. ¿Te acordás de algún título que te haya impresionado particularmente?

Hace poco, de hecho, me invitaron a una lectura donde la propuesta era leer a escritores muertos y yo lleve las Rubayyat de Omar Khayyám que es un libro que le re robé a mi viejo (lo tengo por ahí, de hecho) que tiene una edición muy preciosa, vieja, traducida directamente del persa. Me gustó mucho también, de repente, entrar en contacto con la poética de él porque hay algo ahí como de vincular un poco ciertas cosas… es un poeta sufí, tiene todo un vínculo con la religión y la espiritualidad pero de repente la desafía y hay algo muy hermoso en eso. Tiene unos poemas al vino que son increíbles. Hay algo de eso que me encanta. Ese libro es bastante conocido, se consigue. Estar en contacto con eso empezó a afectar mi poética, de alguna manera. A traer cosas que capaz me costaba encontrar en librerías o formas de escribir que no solía encontrar en otro lado.

En esta idea que dijiste antes de elaborar, a través del texto, una conversación entre colonias, ¿cuáles crees que son los puntos de convergencia que puede haber entre Argentina y Oriente?

Bueno, es una pregunta muy grande. Yo creo que hay algo de acá, de esta idea de “vocación de colonia”, que, en el caso del Líbano, se replica bastante. Son lógicas sociales también de ciertas élites que dominan el poder político que para mí están muy ligadas a la colonialidad.

También, en otra línea, hay una cuestión migratoria de quiénes son los libaneses que emigran o los argentinos que emigran y luego llegan a tener cierta voz, de alguna manera, en otros territorios con otras problemáticas, como puede ser Europa o Estados Unidos, y qué narrativas tienen la posibilidad de contar. En el caso del Líbano, por ejemplo, la comunidad más privilegiada es la maronita y es la que más posibilidades tiene de migrar. De repente es la que más se ve amplificada por parte de ser de esa élite y tener la posibilidad de irse del territorio en conflicto. Son experiencias muy recortadas, las migratorias, y muy afectadas también por esos movimientos. Pensándolo también con amigos que no son argentinos y que tienen ideas de lo que está pasando acá que son muy filtradas por quienes sí tienen la posibilidad de migrar o de acceder a cierta movilidad.

En el libro hay una fuerte presencia de la cuestión amorosa en tiempos de guerra, ¿cómo ves vos el amor en la poesía?

El amor en la poesía como tema a mí, en lo particular, me interesa en la medida en que sea el amor en tiempos como este. No caer en la lógica del amor como resistencia porque siento que a veces puede ser una idea medio pava pero sí en la idea de que uno vive en un territorio en conflicto o está en un mundo, que es éste, con el avance de ultraderechas horribles y tratando de llegar a fin de mes, e igual está la posibilidad de encontrarse con otros. El amor desde lo romántico hasta lo familiar, lo amistoso. Hay una potencia muy fuerte ahí, de alguna manera. Con el título del libro hay algo de eso que me interesa. “Samar” que significa “conversación en la noche”, me interesaba pensar la noche como “la noche neoliberal”: tratar de establecer un diálogo y un afecto en un momento de tanta tensión como es este.

¿Considerás que la poesía puede ser un lugar de ofensiva frente al avance neoliberal?

No sé si de ofensiva porque me parece que no. O sea, no. Mi respuesta es que no. Pero sí creo que es un puntapié para arrancar una conversación. Cuando escribí este libro pensé mucho en que me interesaba conmover no sólo a las personas que pensaran como yo, sino en el desafío de tratar de llegar a personas que no piensan como yo y usar, de alguna manera, el caballito de Troya del arte, de la poesía, para instalar ese diálogo ¡Y me funcionó! Amigos o conocidos muy sionistas, no digo que haya sido por mi poesía, pero…

Decilo, decilo. Fue por tu poesía, lo hiciste vos.

(Risas) Lo he hecho, yo lo hice antisionista. No, pero digo, sí me parece esta cuestión de que la poesía tiene una capacidad de conmover y un tiempo distinto que la discusión política y puede entrar con una suavidad, o con una potencia, más compleja; a la vez, apela a un lugar distinto, de alguna manera, y tiene una capacidad de persuasión, no para convencer sino para dialogar. Me parece importante eso. El abrir una conversación desde la poesía. Después, esa conversación me parece que no la lleva sólo la poesía pero sí me parece interesante como herramienta para instalar un tema sin que eso signifique después que se vuelva panfletario u olvidar que el poema es un objeto estético. Sigue siendo una militancia por la belleza.

Hay algo interesante que dijiste con respecto al tiempo de la poesía. Claramente la poesía requiere otro tipo de temporalidad que no es la del neoliberalismo, del trabajo a destajo sin descanso, ¿cómo convive esa temporalidad, en tu caso particular como poeta, que te exige la poesía con la de la vida cotidiana?

Para mí, el tiempo de la poesía es ridículo desde un montón de perspectivas. Me parece que el tiempo de la poesía es un poco ridículo porque capaz estás un rato muy largo, varios días o incluso meses, revisando o volviendo a un poema, que es algo muy chiquito, y a la vez, capaz, en una lectura de diez minutos te puede resonar como si fuese algo de una hora, en ciertas potencias. Hay algo de eso que es increíble. Ni hablar, después, de lo que es tratar de escribir en tiempos como este, en los que casi todos estamos con, por lo menos, tres trabajos para llegar a fin de mes y, de repente, encontrar el hueco para poder escribir. A mí se me hace muy difícil. Pero hay algo de la poesía, sin bajarle el precio por esto, de poder estar escribiendo en el colectivo o en el subte y después arreglarlo o editarlo en otro momento. A mí me pasa mucho eso: estar en una sala de espera y escribir un poco. El transporte público justo es un lugar en donde leo un montón y donde escribo mucho. Siento que, a veces, la poesía, por las formas que tiene, da la posibilidad de poder adaptarse, de alguna manera, a ciertas formas del capitalismo.

¿Cómo ves esa adaptación de la poesía con redes sociales?

A mí me parece espectacular. Creo que da una posibilidad de hacer contacto con distintas poéticas y distintas obras, me parece grandioso. Sé que hay gente a la que no le gusta tanto esa cosa medio de sobrecito de azúcar que se arma en Instagram y lo comprendo, y no me parece mal. Me parece que, en determinado momento, cuando tenés una especie de algoritmo de poetas, ya lees cualquier cosa: no hay un filtro que haga que te llegué más fácil algo que es más corto o más así tipo sobrecito de azúcar. Pero bueno, sí creo que, en algún momento, fue una plataforma en la que sí era más fácil difundir poemas cortos o con una estructura en particular. Pero eso, para mí, es buenísimo. Creo que la literatura, el cine y otros medios se ven afectados por las plataformas de su época. Incluso, cuando apareció el cine, afectó mucho la literatura. Esta idea de empezar a escribir para que apareciera más la cuestión de la imagen, de lo visual. Son signos de época, con lo bueno y con lo malo.

¿Tenés algún proceso específico para escribir, algún método, un horario, etcétera?

La verdad que no, escribo cuándo y cómo puedo. Ya para mí una semana en la que puedo escribir un poema es una semana espectacular. Ahora estoy laburando unos poemas alrededor de la Autopista 25 de mayo, que es acá cerca, y la relación que tiene con la dictadura y estoy trabajando mucho, por un lado, la voz de la máquina (porque los estoy haciendo en la voz de la autopista) y, por otro, también la idea del poema como autopista. Todo esto en un intento de vincular mi actividad profesional, que es el sonido, con la poesía. Estoy tratando, cuando trabajo un poema, a prestarle más atención al sonido, capaz leerlo sola, empezar a escucharlo un poco más, que es algo que no sé si me pasó tanto en mi último libro. Esto de pensar la poesía más como materia sonora aparte de ser una matera lingüística.

Vos participás mucho de talleres de poesía, ¿cómo es esa experiencia?, ¿en qué medida considerás que eso enriquece la escritura?

A mí me pasa que, en particular, soy fanática de los talleres. Siento que en todos los distintos medios en los que me manejo, el cine, la poesía, y ahora que me estoy metiendo como en el pequeño universo del arte sonoro, hay algo que a mí me interesa, principalmente, y es la comunidad. A mí lo más lindo que me dio la poesía es la comunidad. La posibilidad de, a través de poemas, vincularme con otra gente, con otras experiencias y gente conmovida por lo mismo, de alguna manera. Hay algo para mí del taller de escritura que también, de nuevo, pensando en lo de la noche neoliberal, es muy hermoso que nos juntemos de repente, de diez a veinte personas a discutir un corte verso mientras que hay gente que quiere que sólo nos preocupemos por llegar a fin de mes. A mí me parece precioso. Que después también es un espacio en el que uno puede decir “che, qué bajón, cómo están las cosas” y poder discutir quién va a ser el candidato del 2027 del peronismo también, por qué no. Pero que todo eso conviva en un mismo lugar me parece precioso.

Yo arranqué haciendo el taller, primero, con Roció Cortina, estuve brevemente, después con Walter Lezcano, un tiempo groso. De hecho, él prologó mi primer libro. El taller de Walter era una cosa espectacular. No era sólo de poesía. Él tiene esta cosa como muy obrera de la literatura. Creo que es la persona que más escribe en la República Argentina, boludo ¡Saca una cantidad de libros! Algo muy hermoso de su taller es, por un lado, esta cosa de pensar el escribir desde una cosa como casi obrera y también de que se armaba cierta cosa horizontal. De hecho, hace un tiempo lo hablábamos con Javi [Roldán]. Yo caí en el taller de Javier Roldán (que suena un poco a Vidal “yo caí en la Universidad Pública”) y me di cuenta de que era una lógica más o menos parecida. Obvio que Javier tiene esta cosa de ordenar pero es un taller que tiene su tinte horizontal. Es una ronda de trabajo. Hay algo muy interesante que pasa, que no sé si sucede en todos los talleres, que es que todos llevamos cosas muy distintas. En esa convivencia de voces poéticas tan diversas hay una re potencia. He tenido y tengo compañeros de taller que admiro muchísimo y que eso me ha acercado a propuestas a las que no hubiera acercado ni en pedo de otra manera. Creo que mucho de mis búsquedas terminan siendo afectadas por el espacio de taller. A mí me encanta. Hace algo súper lindo que es generar comunidad.

Hay mucha gente que se toma a la poesía, o a la literatura en general, desde un lugar más individual. Entiendo que, a veces, la poesía particularmente se presta a ese tipo de confusiones. Siendo que yo trabajo en sonido y estoy muy en la sombra, para mí al principio fue medio chocante empezar a participar en lecturas y estar diez minutos con un micrófono en la mano en una situación escénica. Entiendo que hay gente que eso la puede entusiasmar y la puede confundir en términos de esto, de la cosa de olvidarse de cierta idea de comunidad y cerrarse en algo más individual o de circuito de dos o tres personas. Con esto no estoy diciendo que la comunidad que se arma alrededor del taller que voy yo no sea cerrada en sí misma. Creo que eso, a veces, pasa pero que hay una búsqueda de cierta apertura.

Hace poco recuerdo que salió una nota que criticaba la abundancia de talleres de poesía y la adjudicaba que eso, finalmente, iba a hacer que la poesía baje la calidad porque “cualquiera” estaba dando un taller sin necesariamente saber cómo dar un taller de poesía. ¿Cuál es tu opinión con respecto a esa hipótesis?

Primero, ahí hay que pensar para qué sirve un taller de poesía. Porque me parece que si pensás que un taller de poesía sirve solamente para escribir poesía, yo no estoy de acuerdo. Por estas cuestiones que te decía antes. Para mí, un taller es mucho más que un lugar de producción. Es también un lugar de encuentro. Me parece que cada uno, como persona que va a talleres, encuentra el taller que le corresponde a cada uno. Yo siempre habité espacios que era un promedio grato entre las dos cosas: un re aliento a la producción pero también un re aliento al espacio de encuentro. A mí me parece espectacular que haya diversidad de propuestas y de formas de acercarse a la poesía. No sé si tengo mucho más para decir al respecto pero sí me parece problemático pensar que un taller de poesía solamente sirve para escribir poesía. Porque también eso hace que muchas veces vayas a ese espacio sin escuchar a tus compañeros, cerrándote sólo a trabajar.

¿Sos de leer revistas de poesía, o literatura en general, tanto físicas como digitales?

Sí. Me gustaría estar un poco más en tema. A ustedes los leo bastante, me encanta lo que publican y me encanta el laburo que hacen. Y me gusta mucho que estén hace muchos años publicando a muchísimos poetas de muchos lugares y con distintas trayectorias. Después también empezó a pasar que, mientras más me voy metiendo en este pequeño universo de las poesías, las personas que conozco empiezan a armar revistas, como lo han hecho los de Espías Rusos, que también me parece bárbaro lo que están haciendo. Te empezás a encontrar un poco en ese medio. Tus amigos empiezan a organizar ciclos. Un ciclo muy hermoso ahora es el de “Poesía a cielo abierto”, que lo organizan unos amigos, que están con esta idea de retomar el espacio público para leer poesía, en un contexto donde también para poder hacer una lectura, en general, tenés que conseguir un espacio gratuito o accesible y eso es muy difícil. No es que esté en contra que una librería quiera cobrar por hacer una actividad en su espacio, lo comprendo. Pero entiendo también el querer defender a un ciclo como una actividad de entrada gratuita, o accesible, y creo que hay algo muy interesante que encontraron los chicos ahí, como respuesta al contexto, y también, de nuevo, como una respuesta a tratar de construir comunidad y retomar lo público en un momento donde parece muy vulnerado.

Te quiero preguntar un poco por las lecturas. Teniendo en cuenta que no todos los poemas se llevan bien con una lectura en vivo, ¿Cuándo tenés que ir a leer tenés poemas ya preparados que sabés que van a estar siempre o ya desde el momento de escribir lo hacés pensando en que ese poema tiene que ser leído en público?

No sé si a la hora de escribir me pregunto tanto eso de la supervivencia del poema en la lectura. No pienso el poema solamente para la lectura performática, por decirlo de alguna manera. Después, a la hora de armar lecturas, sí tengo mis caballitos de batalla y cuáles sé que van bien… mis playlist, de alguna manera. Dependiendo de a dónde voy me interesa instalar distintas conversaciones. Justo, el otro día, estaba viendo un registro de una lectura que hicimos con el ciclo de “Un sapo intuitivo” dentro de este ciclo de ciclos, que se hace en la Biblioteca Nacional y que invita a otros ciclos de lectura, y me acuerdo que traté de hacer para esa lectura en particular, justo había una marcha por Gaza al día siguiente, y fue como “bueno, estoy en este espacio, que es muy prestigioso y muy elegante, quiero hablar de esto en particular”. Después, quizás, si estoy en otra lectura, por ejemplo, el otro día que fui a esta lectura de “Poesía a cielo abierto” que organizan estos amigos, llevé un par de poemas de estos de la autopista porque los quería probar con amigos poetas y me interesaba ahí más esa escucha. Pienso lo que voy a leer en función de eso, en dónde instalar ciertas temáticas. Me pasó lo mismo cuando fui a leer al “Mamut”, este ciclo de tinte más palermitano, y de nuevo, la verdad que justo me tocó leer en una fecha que yo sabía que había bastante gente sionista en el público y sabía que no iba a caer bien para algunas personas lo que yo iba a leer. Siempre de una manera respetuosa, etcétera, pero instalar esa conversación en ese lugar que sabía que era poco probable que otra persona de la lectura lo fuese a traer. Sí lo pienso mucho desde esa lógica, no sé si tanto en términos performáticos.

Estamos siempre sobrevolando alrededor de la relación entre literatura y política. ¿Cómo te posicionás vos con respecto a la polémica de si la literatura tiene que tener un compromiso con respecto al mundo o tiene que, por el contrario, respetar su autonomía?

Para mí la poesía es poesía y la política es política. La poesía tiene sus virtudes y sus problemáticas y la política tiene otras. Creo que también conllevan responsabilidades, y también personalidades para esos oficios, distintas. No creo que por eso no tengan que tocarse pero no por vincularme a lo que capaz se llama poesía política (entre un millón de comillas, porque ya la idea de poesía política me parece que puede generar un ruido), por hablar de ciertos temas y tratar de hacer un objeto estético con eso, me voy a creer que soy una activista o una militante. Tengo la capacidad de instalar una conversación, un diálogo, un tema. Después, la política se encarga de ocuparse realmente de esos temas. No pienso que escribiendo me esté ocupando de algo. Creo que, de nuevo, es simplemente, al tener una plataforma (que bien puede ser la poesía, el cine o la que fuere) uno tiene la responsabilidad de lo que dice y lo que no dice pero no me parece que eso signifique una responsabilidad de militancia o de activismo. Creo que hay gente que es activista o militante y lo hace con mucha responsabilidad y en serio y conlleva toda una serie de cuestiones y acciones que yo en mi vida de poeta no tengo. Lo más cerca que a mí me ha pasado es que alguien me venga a decir “qué te venís a leer textos de Palestina acá a nuestro Centro Cultural”. A mí me parece importante no confundir esos roles. Lo trato de pensar a la hora de entender lo que hago yo, que a mí me interesa mucho incluir temas políticos en lo que escribo. Pero no siento que esté cambiando el mundo.

Quiero volver un poco a tu obra, ¿qué cambios notas entre la escritura de tu primer y tu segundo libro?

Un millón. El primero creo que, por un lado, aborda cuestiones muy distintas. Sí, lo que vengo pensando ahora con esto que estoy escribiendo alrededor de la autopista, me doy cuenta que muchas veces en la escritura encuentro un espacio donde desenojarme, donde poder encontrarme con aquellas cosas que me incomodan (trato mucho de escribir desde el lugar incómodo), que me convocan, que me dan bronca o me conmueven. Hay algo de eso que en el primer libro llevé mucho de esta cosa de cierto enojo pero de explorarlo desde un lugar más lúdico que en el segundo, de alguna manera, no voy a decir que me olvidé pero probé trabajar en un tono más calmado. De poder llevar ese enojo a una meditación, por decirlo de alguna manera. Creo que también hay algo de estar muy sobrecargada mirando internet o hablando con amigos o con gente del territorio y decir “che, esto es un horror, que bronca que esté pasando esto” pero, en este ejercicio de querer conversar con personas que no son conmovidas por lo mismo que yo, me interesaba pensar en hablar desde otro lugar, desde otro tiempo que el de la conmoción. De poder decir “che, por qué pasa esto” de detenerse un poco en algo.

Y ahora en los poemas de la autopista me está pasando algo de tratar de escribir desde ese enojo y de encontrar ese enojo que exploré más en el primer libro, y de llevarlo de vuelta a una cosa lúdica, como decir “no puedo creer que sigan resonando estructuras y lógicas que se dieron en la dictadura, que siga existiendo la Autopista 25 de mayo, que es este monumento a la dictadura y a lo que fue la intendencia de Cacciatore, y a todas las lógicas expulsivas de la ciudad que se siguen perpetuando y que siguen sucediendo hoy en el gobierno de Jorge Macri”. Pareciera que es una ciudad que hay que merecer. Pero bueno, me gusta instalar esas conversaciones y poder hacerlo ahora desde este juego de hablar desde la autopista. Poder decir “bueno, voy a hablar de la dictadura pero lo voy a hacer con este dispositivo estético”. Y con el riesgo que conlleva eso también, porque entiendo que no siempre cae bien hablar de temas serios de maneras más creativas.

¿Considerás que todos los temas son factibles de convertirse en poesía o hay temas que no permiten esa transformación?

Yo creo que todos los temas se pueden permitir esa transformación, siempre depende desde dónde lo hagas y de qué manera. Pero ahí ya no creo que haya un límite estético. Sí, capaz, pueden aparecer ciertas limitaciones éticas o complicaciones. Yo lo pensé mucho eso a la hora de escribir Samar. A la hora de armar este personaje, de esta voz poética, que uso para este libro, me propuse mucho esta idea de “yo no voy a hablar desde la voz de una libanesa” porque no es mi lugar para nada. Yo no conozco esa experiencia, no tengo una cercanía directa con eso. Pero bueno, de qué manera puedo traer esta conversación al Río de la Plata. Capaz, si hablo de la migración y en lugar de hablar de un abuelo, que es una generación un poco más lejana, poder hablar de un padre, puedo hablar de algo que estoy conociendo, a lo que me estoy acercando, pero conservando cierto respeto ético con respecto a aquello que estoy trayendo a colación. A la hora de hablar de ciertos temas hay que tenerles respeto, ver de qué manera uno se acerca. O atenerse a las consecuencias que eso puede tener.

¿Cuáles dirías que son tus influencias?

Siento que ahora… capaz es medio choto lo que te voy a responder, pero la verdad es que mi mayor inspiración en este momento son mis compañeros de taller y la gente que voy a escuchar a ciclos de lectura, etcétera. No porque desprecie lo que está afuera de esos circuitos pero me parece que esos ámbitos de circulación los aprecio mucho por la horizontalidad que proponen.

Ahora estoy particularmente entusiasmada por el libro que va a sacar Gala Halfon, si todo sale bien este año (o el próximo). Me parece que es una poeta súper potente, que tiene una propuesta muy intensa y a la vez muy divertida, que me parece algo difícil de lograr: poder hablar de ciertos temas pero hacerlo con cierta ligereza. Es una poeta que admiro muchísimo.

De estas poéticas contemporáneas que te inspiran ahora ¿cuáles crees que son las razones por las que te inspiran?

En particular, ahora que estoy laburando mucho lo del sonido en el poema, hay otros poetas que trabajan eso por fuera de mis compañeros del taller, por ejemplo Gabi Bejerman, Guido Sanz sacó un libro hace poco, espectacular, que labura los sonidos del poema de una manera ridículamente increíble (él es medio de mi mismo circuito, pero no compartimos taller). Una poeta que me inspiró muchísimo en ese sentido, que me cambió realmente la manera de escribir al leerla cotidianamente, es Julieta Páez, que le dicen “La Julipa”. Ella venía  de hacer taller con Flavia Calise antes de hacer taller con Javi Roldán. Y venía con toda esta cosa del poema como una catarata emocional. Hay algo ahí a lo que no sé si me hubiera acercado si no hubiera estado semanalmente leyéndola. Y que, además, es una propuesta que nunca me hubiera imaginado que me conmoviera y, sin embargo, me encanta lo que hace y siento que hay algo de estar cerca de eso que me hizo repensar la manera de escribir. Hay algo del taller que te obliga a tener que comprometerte con la manera de escribir del otro, te obliga a respetarlo, a entenderlo y ubicar que el otro tiene una búsqueda. Hay algo de ese ejercicio que a mí me parece enriquecedor. Entender la búsqueda de otro te habilita a permitírtelas.

Además de los poemas de la autopista, ¿estás trabajando en algún otro proyecto nuevo?

No, estoy muy con lo de la autopista porque es un proyecto transmedia: estamos armando una película con un amigo y colega con el que ya hicimos unos videopoemas. Con uno de esos videopoemas ahora viajo a Lima, de hecho, para el festival “Al este”. Estamos haciendo una película con los poemas de la autopista y con otros materiales también y estoy también haciendo un documental sobre el taller [de Javier Roldán], y además de eso tengo un trabajo de nueve horas y estoy haciendo una maestría en arte sonoro. No tengo tiempo para escribir mucho más por eso te decía que ya escribir un poema por semana es un milagro.

El año pasado y el anterior sí estuve muy en una de meterme en la poesía y muy enchufada con eso. Sigo muy enchufada ahora pero también vinculada a lo transmedia. Esto de meterme en hacer cine no sólo desde el lugar del sonido (yo laburo en diseño de sonido para cine) sino que también poder vincularme a la poesía desde un lugar de materia sonora, vincularla al arte sonoro. Ahora que me metí en esta maestría de la UNTREF de arte sonoro estoy tratando de hacer un puente entre estas disciplinas que antes llevaba de manera más alejada. Antes tenía el kiosco del sonido y el kiosco de la poesía, los mantenía muy alejados y trataba de que mi jefe de sonidistas nunca se enterara de que escribía poesía. Ahora estoy tratando de ver de qué manera eso lo junto un poco más porque me parece que genera algo muy enriquecedor el poder estar en contacto con distintos medios y las herramientas que tienen. Me pasó hace poco de estar en un laboratorio del BAFICI para trabajar la película de la autopista y, de repente, conversando con cineastas se me dio una conversación muy distinta a la que se me da en el taller de escritura de poesía, sobre las posibilidades que puede tener la autopista. Y fue un momento de decir “¡Qué bueno esto!”, estar en distintos medios te da la posibilidad de dialogar con distintas posibilidades y distintas herramientas y formas de encarar el arte.

¿Cómo laburás la confluencia de lenguajes de los distintos medios?

En particular, eso es algo que ahora estoy descubriendo y estoy tratando de escribir más para que funcionen los poemas desde lo sonoro, y luego para hacer obra sonora con eso. Sí me pasó más en el audiovisual, en esta lógica de empezar a trabajar en cortometrajes en clave de videopoema, lo que hacíamos con mi amigo Facu (Facundo Rodríguez Alonso, un director que conocí trabajando y que nos hicimos muy amigos y que en algún momento dijimos “codirijamos a ver qué onda”). Empezamos a hacer cortitos experimentales con los poemas. Era muy divertido. Yo jodía y le decía “bueno, abro la heladera y sacamos un poema del freezer y lo tiramos y vemos qué pasa”. Y era un poco así, de repente elegíamos un poema para trabajar juntos. Él me proponía alguna cuestión desde la imagen y después lo laburábamos desde el sonido y listo, tenemos esta materia. Pero trabajarlo como un juego casi. Como un ejercicio de escritura tipo “hagamos cine a partir de este texto”.

A veces estar en distintas disciplinas te permite que nada sea demasiado importante. A mí me parece importante la poesía pero también, en cierta medida, lo más valioso que tiene es la cosa comunitaria. A veces veo gente (en el cine pasa muchísimo) que se toma muy en serio la poesía o el cine, en términos de algo sacro, que no es que me parezca mal pero no es mi búsqueda. A mí me pasa algo, que es que me es mucho más vital vincularme desde el juego para este tipo de disciplinas que se las suele pensar como intocables. También me parece algo peligroso pensarlas así. En una conversación que tuve (con respecto al cine) con un amigo, que está más vinculado a la crítica, que, a veces, no pensar el cine como algo en donde hay trabajadores que tienen que ser pagados, que es una lógica de trabajo, además de ser un arte, muchas veces puede colaborar, contra todo pronóstico, a precarizar actividades que implican un trabajo. Creo que es mucho más lindo conectarse con esas cuestiones como algo horizontal y desde un lugar posible que desde algo como inaccesible o sacro.

¿Cuál sería la frontera entre la comunidad y la escritura? ¿En qué medida la comunidad ya te dio todo lo que te podía dar y tenés que sentarte sola a escribir?

Para mí algo que a veces puede llegar a pasar en los talleres (a mí no me pasó pero conozco gente a la que sí le pasó eso)… talleres o comunidades artísticas, esto que estamos hablando, “el nicho”, es que, si no tiene cierta apertura, te puede pasar eso de estar conversando solamente con un grupo de personas y que se vuelve casi igual que estar solo pero en una habitación más grande.

Hace poco me pasó con este amigo, Facu, con quien laburamos mucho juntos, ahora que estamos trabajando la película de la autopista; algo muy lindo de estar trabajando con un socio, con quien de repente, te da esta posibilidad de estar en constante diálogo, levantarte a la mañana y tener una reflexión sobre el autopista mientras vas al laburo y mandarle un audio, y que es mucho más lindo que estar pensando un proyecto solo (ya sea un libro o una película). Pero, en un punto, nos estuvo pasando que, a pesar de que trabajamos juntos, trabajamos solos: es decir, trabajamos los dos, juntos, pero solos. Y ahora estamos tratando de abrirnos, porque, si no, somos los dos, pasándolos la misma pelota en un ping-pong. Creo que lo mismo puede pasar en lo literario. Es importante formar comunidad pero abrirla, de alguna manera. Si no, es una especie de hacerse la paja colectiva, por decirlo mal y pronto.

En la entrevista pasada a Luis Benitez, él nos contaba que conoce muchos grupos de poesía de Ciudad de Buenos Aires en donde tienen estéticas muy diferentes entre sí y que, incluso estando cerca, no se conocen. ¿En qué medida vos ves que esta lógica de construir comunidad se encontró con la pared de que estos nichos no conversan entre sí y que se genera una retroalimentación en cada uno de ellos mediante la cual pueden perdurar en el tiempo (porque hay una renovación de la gente que entra en el nicho) pero que impide que se genere una cultura más colectiva?

Para mí en la poesía se replica lo que pasa a nivel Nación e incluso a nivel global. Esto de que estamos todos cada uno en su propio kiosco o en su nicho y cuesta dialogar con otros. Pero, como te decía antes, me parece que hay una potencia en que, a pesar de que de un nicho a otro estemos escribiendo cosas distintas, a todos nos conmueve un poema. Y está bueno pensar en eso para abrirnos. Me parece que hay una clave importante de no cerrarse y poder abrirse a poetas de otras generaciones y de otros lugares. Poetas migrantes, también, que cuesta un poco más que se les de acceso a ciertos espacios. Eso es algo que me hizo notar mucho mi amigo y colega Alonso: Alonso Mejías, un poeta chileno que vive hace un montón de años acá. Un poeta chileno-porteño, te diría, porque es una de las personas más porteñas que conozco. Pero que él está muy en esta militancia de pensar en dejar de excluir a las voces migrantes en la poesía. Que también, sin ir más lejos, en Buenos Aires en particular se da una cosa porteñocentrista, en la que parece que sólo existimos los poetas de Buenos Aires, y a veces, incluso, sólo los poetas de Barrio Norte, que esa es otra conversación.

Pero bueno, me parece que es importante abrirse. La verdad es que en el poco tiempo que llevo en el kiosco de las poesías siempre siento que fui bastante bien recibida por distintos nichos y por distintos poetas de otras generaciones, con propuestas muy distintas a la mía. En ese sentido, nunca me sentí apartada para nada. Pero bueno, también, qué se yo, soy una chica de clase media intelectual blanquita… iba a decir que no escribe cosas que le molesten demasiado a nadie, pero la verdad es que a veces sí. Entiendo que también esa aceptación es por un privilegio que llevo. Pero bueno, creo que hay algo de la poesía en particular que, al estar tan precarizada, hay ciertos vedetismos que terminan siendo ridículos porque no hay nada que ganar. En el taller de Javier charlamos mucho de eso: es ridículo buscar cierta fama en la poesía. Ni fama ni plata. Estamos todos acá porque nos gusta. También es una boludez cerrarse entre nosotros porque, a todos, lo que nos conmueve es un poema.

Fotografía por: Jimena Zaracho

Nuria Suaya nació en Buenos Aires en 1999. Participa de la coordinación del ciclo “Un sapo intuitivo”, del taller homónimo organizado por Javier Roldán. Publicó su primer libro “Ni una jugada por el amor” (Dragones de papel, 2023). En el 2025 publicó “Samar”, por Editorial Patronus. 

Ilustración de entradaSusurros de retorno, de Samar Hussaini.