Ilustración de entrada: Dibujo color (1971) por Jorge de la Vega

La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular

Poemas de Humin Bucaz

ÚLTIMA SIESTA

Las líneas celestes crean formas
antes del día.

Los techos altos abrazan el sueño
invaden la respiración.

Aún así
las cortinas borran el paisaje de los ojos y
el rayo con su precisión
decide en cual retina.

Los pobres dependemos del olor del alpiste
y el hambre de los canarios.

II

Aplastado por una nube de humo
la mañana otoñal es violeta
los rostros pálidos bajan por los caminos.

Unísonos y constantes
el rayo de luz es opaco
la naturaleza desprecia a las sombras monótonas
adormecidas con un principio y un fin.

Anda más allá del alambrado
la tierra da señales si paras de hablar.

Toda punta de una hoja apunta al paraíso.

UNA VUELTA

Bajo los álamos grandes perdemos el rumbo
la espuma es el cielo que nos desvía
qué decir de las rosas y sus colores:
ya no existen.

Otra vez nos persiguen los hormigones y
quisimos llegar al río: Era dia de San Jorge
pero el rebaño nos hacía desaparecer de la rivera y
El pastor en lengua extranjera murmuraba: Ederlezi, Ederlezi.

Nos acogieron en sus brazos y celebramos:
El recoger de las flores, el vino del pueblo.

PRIMERA MAÑANA

El sonido constante de los árboles
desajusta el principio de un sueño hermoso:

La palmera caía a un jardín de tulipanes y
tú te perdías en una laguna al borde de la extinción.

Ese día comenzaba con besos, café y una lumbre
impaciencia del tiempo, las naranjas amargas se fulminan
por un sol que se esconde en la montaña.

¡Qué desilusión! No es domingo de velas ni de coro.

El éxodo persa parece moverse
encima de nuestras cabezas.

LA PILETA

Aquellos chinos disfrutaban del viento exagerado
el ciego con dedicación lanzaba comida a los peces
esos vertebrados vivian en un movimiento circular
un infinito rodeado de piedras seculares.

Otras personas veían pasar el tiempo sin zapatos
los frívolos fingen el gusto por el atardecer
a esa altura los techos rojos son corazones
que extrañan el destiempo y la sangre azul.

Dame la mano que en el descenso habrá fuego
las cigarras sin prisa cantarán en la cruz y
los jardineros querrán más crisantemos.

Hacia la deriva del mirador anidan los chamarizes.

VISITA SIETE

Las gotas se deslizan en el gomero
tu rostro es una visión en mis párpados
con la música de Yoshimura
                 pensar
en el vacío
                  no nos hace tiritar.

Aún perdidos en la materia
        las estrellas y venus te asombran
un universo infinito.

Vemos tortugas beber de la luminosidad del sol
esperar que se hundan cansadas de la humedad
una pareja de peces hace burbujas realizan el baile
con el atardecer de colores ya vistos.

Los patos de cuello verdes van al exilio
campo de manzanillas
           Caín nos dice adiós.

PENICILLIUM ITALICUM

El olor de los limones apresado en el lugar
una capa de hielo, el blanco invierno
los cubre, verdosos se tornan.

El amarillo desaparece con el tiempo
las moscas igual que ángeles merodean
cerca del caos.

El polvo es mancha, la mancha una silueta
y cuando llega la luz, parece un volcán
que se destiñe.

Erwin Humberto Castillo Bugueño, conocido bajo el seudónimo de Humin Bucaz, nació el 23 de septiembre de 1995 en el puerto de Coquimbo, Chile. Apasionado por la poesía, estudió literatura en la Universidad Diego Portales (2017-2021), en Santiago. Su poemario de título fue escogido como el mejor de su generación, y pese a que aún no ha conseguido ver la luz, ha sido respaldado por poetas chilenos como Roberto Merino, Kurt Folch y Milagros Abalos.