Ilustración de entrada: Il sifone o la 5cerba (El sifón) (1916) por Emilio Pettoruti
La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular
Poemas de Ariel Tomás Izquierdo
Los poemas que se presentan a continuación pertenecen al libro inédito Frágiles cimientos construyen algo hermoso.
4. Un tipo de semidiós se sentó en mi mesa en la cafetería
Un tipo de semidiós se sentó en mi mesa en la cafetería
pidió una Coca-Cola y me dio las instrucciones:
«Estás enamorado, y los enamorados pueden
detener el tiempo,
recogé este momento y atesoralo
en tu pecho. En unos años, dale play».
Nos saludamos y él se fue como un niño
satisfecho caminando lento, sin prisa
con las manos unidas por detrás
enamorado, enamorando
todo a su alrededor. Sí…
definitivamente de otro reino,
¿cómo no hacerle caso?
11. Sé que al decir «te quiero»
Sé que al decir «te quiero»
es como si dijera
perro, bruma, mármol, rama, silencio.
También sé que al querer besarte
no hay palabras
que te besen realmente
que me ayuden
a besarte. Sé
que las palabras
distancian me separan
que construyen un muro, lo sé
¿pero no es también
un muro hermoso?
Todo el tiempo es así. Cosas
que son y no son y
no lo soporto.
Cuando pido oírte susurrar
una frase que me inspire
la semana entera de oficina
de tecleados mórbidos,
oigo: «sí, sí, en un rato»
y de repente aparezco
(vos y tu magia)
en una ferretería maravillosa donde
el ferretero medio poeta medio fariseo
me comprende: «así, esto» le muestro
tu ratito entre mis dedos pulgar
e índice. «Tu rato mide dos
o tres pulgadas» dice él
y me cobra una fortuna.
13. El tiempo y el espacio definitivamente están de tu lado
El tiempo y el espacio definitivamente están de tu lado
cuando me observás a través de los ojos de mis perros
o me olés con sus hocicos como paparazzis
del bien atolondrados contra mi oreja
Y de pronto te dejás oler. Sos
la esencia vital de la mañana, digo
de todas las mañanas hacia atrás y por haber
en la humanidad, esa fragancia
que el gran Leonardo por más gran
no pudo
catalogar y reducir
a nada
como sí al resto como sí a mí
un cuerpo erguido solo
por 206 huesos y más de 600 músculos
carne, carne, carne
pero esa fragancia que envidian los narices
de París o de Roma
del Patio Bullrich o
Turdera Outlet Factory, no
el perfume del jazmín lechoso
que asoma por las rejas
de esa casa del barrio
que es todas
al pasar. Ya lo ves,
desde el primer instante
del día como una suerte
de Midas todo
lo que nombro
conspira a tu favor,
¿qué no hacés para decirme
«acá también estoy»?
14. Una vez soñé que me decías
Una vez soñé que me decías
que venías de las Pléyades
que era un sitio muy extraño
que quedaba un poco lejos.
Pero, ¿qué es lejos para un chico
del conurbano como yo?
Seguramente en tus pléyades
también haya tilos y el 160
recorra casi toda su capital.
Te confieso que cuando lo dijiste
(yo te escuché decirlo tan claro)
sentí que mi pecho se expandía:
abriste el universo para mí.
Como un plebeyo, un changarín
empoderado busqué en enciclopedias
me animé a las Sagradas Escrituras
pregunté a la Inteligencia Artificial
finalmente indagué a un taxista
esperando al lado de su coche
reluciente
a que pique un extranjero
en el cementerio de la Recoleta
me contó sobre viajes
en el tiempo
de Constitución a no sé qué
también citó a Henry Ford: «todo llega
siempre y cuando te apresures
en la espera» dijo
que podemos ser
quien nosotros deseemos
que no hay fronteras
que tenemos ese don
que tengo ese don
en los ojos.
Pero nada al menos
nada conocido en este mundo
pudo explicarme cómo
llegaste hasta mí.
¿O sí? ¿mágicos caballos
dorados, brillantes
sementales más veloces
que el deseo?
30. Es evidente que soy un perro de Pavlov
Es evidente que soy un perro de Pavlov
que probó, aunque no está muy claro cómo,
alimento superior al balanceado,
todas aquellas horas de rutina, y
sin pensarlo huyó
a Temperley, sí, cruzó el océano
como polizón amuchado entre familias
de italianos y españoles,
que le dieron nombre y apellido
y sin entender una sola palabra
nació en este cuerpo
que no responde a campanitas
que solo responde a vos,
a vos. Y cuando se acerca
la hora de vernos, babea.
Hasta un fascista se da cuenta
estoy locamente enamorado.
Ariel Tomás Izquierdo (1984, Lomas de Zamora, Bs. As., Argentina) es carpintero y poeta. Autor del poemario “Dejemos que la luna se encargue de la noche” (Halley Ediciones, 2024), participa activamente de espacios de difusión literaria y de la organización del ciclo de poesía “Meditaciones en una emergencia”. Poemas suyos forman parte de antologías, revistas y blogs.