Ilustración de entrada: Niña vestida de rosa (1943) por Raúl Soldi

La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular

Poemas de Hernán Ramella

ESTRÁBICO

Mis ojos se posan sobre Antonia;
la cuidan, la supervisan
infieren que de ellos depende su vida
que no sea por ellos que esa persona
(que es como una persona pero pequeña)
deje de respirar o se ahogue con su propia saliva
o con el aire peligroso que la rodea
recuerdo ese chiste
de un bizco que entra a una heladería
y pide dulce de leche con salida de emergencia
cuando uno de los ojos se desentiende un segundo
y no por pecar de holgazán, aunque el sueño le pese
sino porque no se resigna, desea proteger también
tanto como a la niña,
                                   el poema.

LA MIRADA EN SUSPENSO

Incluso
cuando nos miramos a destiempo
y la veo parpadear
aun
cuando el sueño la atrapa
y me quedo mirando solo
en la distancia que hay
entre los ojos de Antonia
y los míos entran todos
los amores del mundo.

LENGUA PATERNA

Entre Antonia y yo
elaboramos un sencillo idioma
que solo se expresa con miradas.

Si Antonia tiene hambre,
me mira.

Si yo quiero decirle que
es la representación de la belleza en la tierra
y lo mismo da que sea un bebé
o el majestuoso vuelo de un ave
que un fotógrafo captura para
la revista National Geographic,
la miro.

Una que otra mirada va.
Mirada viene. Mirada va.
Así pasamos los días con Antonia.
Charlando.

LOS OJOS DEL PADRE

Desde la llegada de Antonia
las visitas se amontonan en casa
se agolpan, la analizan
se divierten adivinando qué parte
de sus padres eligió
para el armado de su propio cuerpo
que tiene mis ojos repiten
una y otra vez
y los tiene
le pertenecen
desde su nacimiento
son inútiles
no sirven para otra tarea.

EL DON

Antonia
tu abuela me reta
y reclama mi falta de expertise
al notar que te hamaco en mis brazos
esa nena no quiere dormir

pero qué puedo hacer
si ya ensayé frente a vos mis caras de tonto
si ya imposté la voz del imbécil
si a la vista está que
no puedo hacerte reír
como reís cuando profundo navegás
las aguas dulces de los sueños.

 

TIGRECITA

Antonia cierra los ojos con fuerza
no para evitar el llanto
sino para dar rienda suelta al llanto
y aunque los cierra con fuerza
la lágrima encuentra el hueco
se filtra, despacio
recorre su redondez.

No hay caso, no hay brazo
no hay consuelo para la infanta
que encuentra la calma solo
entre los brazos de su madre.

¿Que a quién se parece?
Qué importa digo hosco pero
Antonia como una copia del padre
se rinde, se entrega
a los brazos de Marina
hija ‘e tigre pienso
y no entra la sonrisa en mí.

EN EL RÍO URUGUAY

Antonia de pie se clava
en esa porción de playa
que según el antojo del río
puede estar con o sin agua

y esos pequeños pies gorditos
ya no están más, solo sus piernas
culminadas en tobillos que se funden
con partículas de arena
van y vienen, vienen y van
a su alrededor

y por el hueco que Antonia deja
entre sus piernas
para no interrumpir el paso
caudaloso del río, justo por ahí
pasa un pez, no sé cuál,
pero pasa
ignorando por completo
la maravilla que atraviesa
como si mi hija fuese
una formación rocosa
formada hace siglos

y como Antonia no conoce el rencor
igual le hace chau,
chau pez, con la manito.

 

LOS NOES

A la zaga de la palabra
Antonia no habla, se comunica
dice “no” con claridad y ejercita
una cantidad variopinta
de noes
los usa, los despliega con gracia
y mueve las manitos
si es necesario reforzar

como cuando asedian los canes
no solo feroces o de gran tamaño
cualesquier tipo de perros
de cola chistosa
cusquitos mandíbula torcida
los niega a todos
no, no, no, no
y en ese gesto de acentuar los noes
va cerrando la boca
hasta quedar muda y paralizada.

En gesto desesperado ruego
Dios, dale el don de la palabra
para que Antonia
que no lo sabe pero sospecha
de su poder, repita conmigo:

San Roque, San Roque
que este perro no me mire
ni me toque.

 

POR DORMIDA MAL

Nunca me siento tan poderoso como
cuando a mitad de la noche
Antonia –que no duerme
cuando tiene que dormir–
despierta llorando
y basta envolverla entre mis brazos
para darle la calma que precisa su sueño

y me enojo, claro que me enojo
con esa clase de bicho que repimporotea
casi
inadvertidamente
contra el vidrio de una luz próxima
negándonos el silencio absoluto

suerte para él no salgo a matarlo
por esto de tener los brazos ocupados
y además, daría mucha pena
no es serio ir a buscar la riña
con el rostro pleno de felicidad.

 

POEMA SOBRE UNA HIJA QUE DESPIERTA
JUNTO A SUS PADRES UN FERIADO 7:34 AM

Como si el puño de Dios
presionara con gentileza
el centro de nuestra cama
caemos espiralados
giramos, giramos
desperezándonos

amagás
con despertar al mundo
pero cerrás los ojos
un ratito más
abrojada a mí.

Hernán Ramella (1993) es editor en Ineditados Publicaciones, editorial artesanal que lleva adelante desde 2020 junto a su esposa Marina Ponce.
Publicó los libros de poesía Confesiones (Ineditados Publicaciones, 2024) y La Celma, el nacimiento de la maravillosa juventud (Patronus Ediciones, 2025).
Es uno de los organizadores del Festival de Poesía del AMBA.