Ilustración de entrada: Modelo de Yves Saint Laurent y paisaje (1966), Delia Cancela y Pablo Mesejean
La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular
Poemas de Alejandro Flamini
El pájaro y el agua de los pájaros
Un pájaro pasa ligero
delante nuestro, casi sin aletear;
algo lo confunde en el aire
lo hace suspenderse, y duda
si dejar caer la lluvia ahora
o temblar en la espera
del algún lamento,
o un silencio de fastidio
que lo deje sin humedad en las alas
y le haga volver a saber
cómo es una vida
esperando que llueva.
Visita
Una mujer, que no es María Teresa,
porque María Teresa es todas las mujeres
menos esta, que es la protagonista de esta historia,
historia que contaría si tuviese tiempo
y dinero para alquilar por unos días, limpios días,
una casa en Atlántida, sobre el río, con ese aire
que tanto bien le hace a mi asma y a mis
jaquecas, impiadosas jaquecas que aplacan
mi visión de las cosas y de las formas que están
inmersas como algas en las cosas.
En fin,
una mujer vino a verme
Espiral
En esta espiral donde todo es falso
el viento da vueltas y trae
algunos números cada día,
y no es tan errado decir que
forman una marea de sentidos
para, y por los sentidos,
donde el pájaro se come al pez
más pesado.
En este laberinto
que se estira a cada paso
las ramificaciones confunden hasta al más violento,
las abejas llevan ciclos de vida volando
mientras la vida en el aire desaparece
para dar paso
a una nueva identidad.
Volver eterno
Fuiste el primero en notar la violencia
en el caos, como un efecto férreo e irreductible,
lineal y perverso. Una realidad ajena a la voluntad
de todos, como un conjunto de cuerdas que tiran
hacia el mismo lado. Entonces volviste a la rutina.
Letras iguales, mañanas de pájaros y limones,
alineaciones que alimentan el amor verdadero
y protegen de la carnicería atroz
debajo de las alas de un ángel famélico.
Porque la vanidad se esconde bajo materias suaves
y memorias inalterables.
Nunca volviste a crecer (envejecer) en paz.
Volver, sea donde sea, es siempre el fracaso,
la falla íntima, invisible para los demás,
definitiva
Voz ingenua
Qué hacer
cuando se vuelca el vino
y los ojos se vuelven hacia adentro
a hurgar en heridas viejas
como con cuchillos ralos
y ecos que aún no han nacido;
cuando los huesos ya no ignoran
el ardor de la carne
que no ha dejado de gemir
en la lluvia,
con caminos
que ya nunca serán abiertos.
Qué hacer más que incorporarse
y dejar que los dedos que no responden, respondan,
conducidos por la sensualidad
de una rosa de madera
y traigan desde ese portento que algunos llaman alma
las melodías claras, firmes y eternas
de la ingenua voz de una guitarra,
del concierto virtuoso y lento
que arrulla la pena con lo poco que queda
de la amarga noche y su idiotez
Hoja de vida
Fue concebida
sin cadenas ni horarios,
vio tejer su piel y sus dedos,
sus latidos
Fue ajena al aire,
vivió al resguardo de un domo
de tibieza inconmensurable.
Tuvo un hermano: el silencio;
tuvo una flor.
Fue al fin desterrada
por el llanto
de una madre.
Mañana
Despertar,
oler el sueño,
un fruto dócil,
lo que no está,
las salvedades en la ventana,
el animal redondo,
y chato,
que no habla.
El ñu en el
baño,
la cara al agua,
a la acuarela.
Flor,
tendón.
Fue un no lugar,
el no lugar,
la duermevela
donde se goza
y es eterna.
No lugar
Estoy en cada lado del presente,
hundido a gatas entre la arena y el mar;
no veo la ciudad
ni respiro el campo
perezco al estar yendo lejos.
Despojado, entre llamas, es fácil:
las cuerdas de mi cuello afinan al fin,
aunque no es una voz,
es una onda blanca
haciendo ecos en la habitación
estéril y húmeda de un hotel.
Tengo la buena pasta metida
hasta la médula
de un botiquín con venas;
en medio de nada y la nada
convulsiono en un torbellino
insoportable hasta para mí.
Pataleo contra una succión,
me suelto en vueltas sin vuelta.
A la espera
Las cosas se fueron
juntando hasta que
todo se desbordó sin medida
hacia atrás,
hacia el inicio, donde el mal
que va hacia todos
lados, es recibido
como una gracia.
La gracia hoy es el infierno diseminado.
El sagrado milagro
Alejandro Flamini nace en 1983, en la localidad de Morteros, un pueblo agrícola- ganadero del interior de Córdoba. Comienza a leer sus primeros libros a temprana edad, pero su necesidad por la escritura literaria nace en la adultez. Es Analista de Recursos Humanos y actualmente reside en la ciudad de Villa Dolores.