Ilustración de entrada: El día ilustrísimo (1965), Jorge de la Vega
La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular
Poemas de Abraham Jurado
La ventana
La pava eléctrica
se sacude
como un loro enjaulado.
Desde la ventana
se ve el cielo.
A veces nublado.
A veces azul.
Nadie comenta eso.
Comentamos errores,
demoras, el frío.
El cielo
sigue pasando.
Correo sin enviar
El primer mate
cruza la boca,
el hilo verde
sube por la bombilla.
Alguien pide un aumento.
Escribo el mail.
Lo leo. Lo vuelvo a leer.
Borro una palabra.
Borro otra.
Queda algo
que ya no se parece
a lo que quería decir.
Cierro la pestaña.
Nadie sabe
que casi hablé.
La planta
En la taza nueva
se enfría el café.
En mi escritorio
la planta sigue viva.
Eso me sorprende.
No sabe de horarios,
de reuniones o errores.
Solo estira
un poco más
sus hojas.
Al lado, una miguita
de medialuna
recibe toda la luz.
El que se va
Dijo que se iba.
Se despidió en voz baja.
Nadie preguntó mucho.
Le deseamos suerte.
Quedó su silla, su taza.
Alguien va a ocupar
ese lugar mañana.
Qué bueno, pienso:
estos tubos fluorescentes
ya no serán
su cielo prestado.
Reloj del sistema
Del otro lado de la puerta
late el ascensor.
El reloj del sistema
marca otra hora.
No coincide
con el de la pared.
Tampoco coincide
con mi cuerpo.
En la plaza de enfrente,
un zorro olfatea una bolsa negra,
se lleva una servilleta.
Esta ventana
es una apertura mínima
hacia lo que no se domestica.
Empezando
La tarjeta dice
“bienvenido a la familia”
y trae un brillo
que no es sol.
En la bolsa, una agenda,
un cuaderno cuadriculado,
stickers que dicen deadline
como si fueran
velitas de cumpleaños.
Pego uno
en el borde del monitor
y queda titilando en rojo.
Impresora
Dice “papel atascado”.
Abro la tapa
como quien abre
una trucha dormida.
Tiro de la hoja blanca,
sale herida.
Cierro.
La luz verde respira.
Imprime.
Afuera, un gorrión se apoya
en el cable de alta tensión
y me mira,
él tampoco sabe
lo que busca.
Microondas
Turnos de un minuto:
tuppers con salsa,
asados del domingo,
arroz que recuerda
otro mediodía.
Puerta, plato, giro;
un sol doméstico recorre órbitas
y cada timbre declara listo
algo que no alcanza.
La mesa humea,
alguien pregunta si falta sal.
Todos asentimos.
La vida viene sosa.
Último en irse
Sopla el oeste,
la radio anuncia ráfagas:
apago mi monitor.
La oficina queda distinta,
como si respirara.
Cierro la puerta.
Mañana
todo va a estar
en el mismo lugar.
Yo también.
Abraham Jurado nació en Jujuy. Actualmente reside en Ushuaia.
Ha publicado los poemarios Cuerpos sin fronteras (2024) y Un glaciar a la distancia (2025).
Participa activamente en ferias del libro, ciclos de lectura y revistas digitales. Instagram: @abrahamjuradopoetry