Ilustración de entrada: Círculo con castaño (1929), Vassily Kandinsky
La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular
Poemas de Ludmila Guerrieri
Hace mucho no cenábamos
algo elaborado con tus ganas
de disponernos tiempo
Fueron días viéndote mirar
vigas descascaradas del cuarto,
hollín pegado hace años
en el techo de la cocina,
los caños vencidos
cambiando la piel
Esquirlas en tus talones,
crecientes manchas coloradas
sobre los pómulos
Fueron días acechada
por peligros inventados,
temiéndole a las puertas,
angustiada
por posibles diagnósticos
que nunca puedo
diferenciar de los míos
Hace tiempo espero
volver a oír
los vidrios de platos sirviendo.
Que tengas ganas de comer caserito
y después te duermas,
en calma,
como si pudieras
dejar de pensar
No quisiera que estés despierto
cuando vengan los truenos
de febrero, ni que sientas
todo el peso del agua
en las bolsas del día
No quisiera ver tu cara
cuando se astillen los metales
por tu propia tensión
ni que te partas lento
frente mío
No quisiera oír más
los gemidos del portal abierto
cayendo hacia arriba,
ni tener a mano
las pastillas
de tus sueños
No quisiera, no,
que huyamos siempre
del temblor,
ni que los huracanes
de la infancia vuelvan
sorteándose
qué habitación
revolver primero.
Solo éramos adolescentes
Nuestro hermano mayor
nos llevó a conocer el mar
de noche
Dejamos nuestros bolsos
en Nueva Atlantis
Caminamos
con la capucha puesta
por el sendero
negro
Creí escuchar
decenas de avionetas
que se acercaban,
después supe, eran
las mareas de sicigia
sucediéndose
El agua esperaba detrás,
montañas que caían
al treparlas
Subíamos
A la par,
un astro enfrentado
nos seguía de lejos
alumbrando un camino fino
de oleajes
Quedamos los tres
sentados en línea
sobre un médano,
la panza
de nuestra madre
Tuve que taparme los ojos,
empezar el recorrido
de nuevo
Moví un dedo,
por el umbral:
Estrellas
Bajé otros
solo pude
sentir un gran temor
Saqué despacio
las manos
del rostro
Mis hermanos y yo
ya éramos del cielo.
Los cuidados sigilosos de la hermandad
Mi gato
degolló una rata anoche
mi hermano
no me lo contó
él es quien
se hace cargo
de los cadáveres
Yo los evito
Entré a mi casa,
el cuerpo estaba desplegado
sobre el piso de pinotea
Lo esquivé toda la tarde
Pasé por los costados,
Lo vi de reojo
varias veces,
quería saber si
había podido irse
Preferí el silencio,
ser cómplice
Mirarlo con asco,
abstenerme
No quería
arrastrar lo seco,
sentir el peso en la bolsa,
ver la sangre
absorbida en la madera
Mi hermano
también supo
del crimen
El gato
degolló una rata anoche
Cuando volví
él ya se había ocupado
de los restos
y no me lo contó.
Sabe exactamente dónde está el Sol
aunque esté nublado.
Se posa
en las dunas
de ladrillos
cierra los ojos
en dirección.
Escupe la lengua.
Un viento de calor
se acerca
lo amansa
Lo mismo pasa cuando es de noche
Lava su cabello
en la oscuridad de las
nubes embarazadas
Una madrugada
creyó estar sólo, pero
alguien o algo le arrancó
la mitad del cogote
Estoy obsesionada
con que se le seque
el pedazo de carne abierto
del cuello
Como madre
no exijo venganza,
ni que se esconda
de los riesgos
de la serenidad
Sólo espero que le crezca
una capa dura, marrón
que se vuelva a caer
entre cinco y diez veces más
hasta volverse materia blanda,
vulnerable otra vez
De la herida sólo supe
la espera de la cicatriz
Buscaba a mi Gato en tratamiento.
Miraba por las cornisas que rodeaban
las alturas del patio
No entendía por qué
no estaba en casa
si afuera llovía
Una duda sin sospecha de certeza,
solo un instinto
de temor
Ascendí las Arribas
Lo descubrí:
un satélite lunar
sobre mi terraza.
Cuatro anchas patas
hundidas en el pelo
y la mirada volteada
en cristal
Su rededor estaba seco,
como si la lluvia supiera
que el agua le espina
la piel
Las nubes en círculo
le bailaban, girando
En su centro, todo
era profundo y añil
Descendí de nuevo
Nunca quise
irrumpir en los rituales
de los que viven
en dos mundos
Ludmila Ayelén Guerrieri nació en la Ciudad de Buenos Aires, en el año 2004.
Es estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura en el I.S.P. Joaquín V. González. Asistió a los talleres de escritura de Marico Carmona (Desde el Aeropuerto de las Inquietudes, 2021), Librería Sudestada (Entretextos, 2025), Martina Cruz (Misa del Adiós, 2025). Actualmente, realiza taller con Flavia Calise.
Organizó el ciclo de lectura Algo que Escuchar (2025) y participó en la antología La Juntada (Asociación de Poetas Argentinos, 2026).