Ilustración de entrada: El marco del paisaje II (2015) Sandra Gamarra
La forma del poema y sus cortes de verso pueden verse alterados en la versión para celular
Poemas de Luz "Lunachallay" Dávila
POEMA I: MUSEO JESÚS MARÍA
soy la isla que avanza sostenida por la muerte
o una ciudad ferozmente cercada por la vida
Blanca Varela
Lleva consigo una cajetilla
y la eterna botella.
Está preparada para conocerlo:
tímida, asustada,
detrás del árbol enorme
de un jardín botánico.
Solo niños jugando de mañana,
un dinosaurio, fotos de los padres,
jóvenes tomados de la mano.
No hay escape,
no hay manera de gritar.
POEMA II: ESCENA TORMENTO
1
Después de la caída
ya no escribo con la esperanza
de recibir saludos.
Ni busco en la memoria
la clave para desenredar las dudas.
En este solitario rincón
olvido el día que nos abraza.
Olvido el desayuno,
la medicación, la luz.
La oscuridad todo lo desvanece,
la soledad baila.
Luego diviso la luna y
soy el aire que la arropa;
la luna de Lorca que mece a un niño.
2
Mi voz es una vieja canción,
me recuerda que tengo madre
para ayudarme a tragar la pastilla.
Me pierdo en la casa, en el libro,
en cada persona, en sus miradas,
en sus camisas, los árboles.
Los flashes están cubiertos de polvo;
faltaron postales, concentración, recuerdos,
las noches de vino frente al mar. Sin embargo, estoy viva.
POEMA III: OTRA VEZ MI MADRE
A veces parecía que no era mi madre, como si hubiera sido sustituida por un ser más adecuado a esa tarea…
Sharon Olds
Es probable que mi madre se hubiera ahogado.
Las dos llenas de luz
y nuestro mundo dispuesto a resistir
a pesar de las caídas.
Me he mentido durante mucho tiempo…
Siempre he sufrido, mamá.
¿Recuerdas cuando llorabas porque te gritaba?
Llorabas como un bebé y volvías a la casa de tus padres,
como tantas veces, como aquella vez.
Y seguimos llorando en el mismo sofá
donde me prometí no llorar más.
¿Por qué, mamá?
¿Por qué sentía que debía protegerte?
POEMA IV: AMARILLO
Una llamada en la noche, en un parque tranquilo.
El roce de tu rostro trazó un sendero de mariposas
que se perdió entre tus clavículas.
No sigas sonriendo,
deshaces todos los puntos de parada,
como si no pudiera detenerme,
como si este fuera mi destino inevitable.
¿Dónde estoy?
Te mostré lo que aún no he asimilado:
que miento sobre la composición de mis cicatrices.
Te mostré mi abdomen,
te señalé exactamente dónde comenzaron mis dolores.
Cruzando los dedos para que no me olvides,
como si ambos estuviéramos en el mismo sendero.
Pero estoy sola en una habitación amarilla;
el único color, después del mar,
que puede calmarme.
POEMA V: HABITACIÓN 505
El lujo de abrazarnos ahora,
sin que la madrugada nos intimide.
Pertenecemos a esta casa de infancia.
Te preparo un té helado;
entiendes que es todo lo que puedo ofrecerte.
Saber que pertenecemos aquí.
Luz Dávila, conocida bajo el seudónimo de Lunachallay, nació en Lima en 1999. En su obra poética figuran los títulos “Una flor que no se resigna a morir” y “Todas las mujeres de mi vida”, seguidos por su publicación más reciente, “Macho” (2023). Asimismo, ha incursionado en la literatura infantil con los cuentos “Existe un CIELO para conejos” y “Taita Mariano”. Actualmente, divide su tiempo entre la docencia en primaria y el dictado de talleres de poesía, conectando la creación literaria con la enseñanza.