Poemas de Débora Guerrero

Antonio

Los sábalos del río Salado
barreros y jetones
sucumben a la pregunta
(y a la carnada)
Dónde está el pescador
descalzo y huérfano?

El de piernas flacas
y vida lánguida
que improvisa días

y bajo la luz tenue de la noche
mendiga refugio

Dónde ejercita ahora
la destreza silenciosa
del cajón y la gamuza?

Guarda aún
en el bolsillo roto del pantalón
las monedas
y los sueños?

El artista de las orillas
de arena y barro
sigue conservando
la única foto de la infancia?

Tiene las manos tatuadas todavía
por la tinta de la pasta de celulosa?
o pudo mandar a la mierda
al verdugo del galpón?

El plateado cardumen extraña
al niño de las rodillas en maíz
que burlaba orfanatos y castigos.
Se pregunta
Si salió ileso de tanta indiferencia.

Los sábalos del río Salado
se destacan
por su exquisito sabor

a carne del litoral
pero más
por su ingenuidad

Nicanor

“En la panza de la ballena
enciendo una vela para escribir”

Roberta Iannamico, Como Geppetto

“Qué pasaría si en lugar de pedirle
a la ballena que lo lleve a su casa,
el marinero se quedara a vivir dentro de ella?”
pregunta en voz alta

mientras lee su libro escolar

Con el lápiz en la boca
levanta la mirada
como si fuese a encontrar las respuestas
pegadas en el cielorraso
y el tiempo pasa

Da vueltas para poner en orden
las escasas ideas que aparecen
y desaparecen una vez dichas
se resiste a repetir lo inventado
no le interesa,
“no me gusta que me obliguen a imaginar
cuando no tengo ganas”
dice, como un acto liberador
y la oscuridad de la panza de la ballena
se convierte en luz

Pasillo jardín
Deshojo el malvón
que crece prendido al alambrado
y las yemas de mis dedos pequeños
se tiñen de carmesí
Hago con las manos un nido
donde cobijo los pétalos rojos
los preservo, los miro
camino lento por el jardín
con la misma concentración
con que un acróbata
camina sobre la cuerda,
para que no se me escapen
ni se vuelen

Tengo pocos años
y juego a ser la guardiana
del color de las flores.

Miguel

“Papi” es muy hábil con los números
debería haber sido contador
pero no pudo
en cambio
fue barrabrava,
una vez asesino
y preso

“Papi” ya no hace ninguna
sólo toma merca, cerveza
y pasa de largo
los fines de semana

“Papi” me asiste cuando me olvido
lo que tengo que hacer
en el trabajo
Me lo escribe en papelitos
para que lo recuerde
y después
como tomándome lección
me pregunta si cumplí
con lo pendiente

Papi me pasa las llamadas telefónicas
con una admirable formalidad
además me escucha
cuando alguna pena me perturba

“Papi” tiene trece hijos
sembrados por este suelo,
una vida tan llena de orgullo
cómo de arrepentimientos
y una compañera de trabajo
que le confía la vida
si pinta alguna

La esperanza es hippie

En la arenosa tierra
de San José del Rincón
inicio un ritual diurno
Me agachó despacio
clavo las rodillas
en el suelo marmolado
y me inclino en un rezo
que no es

Hago un pozo con las manos
y como si fuera a depositar
las cenizas de un ser querido
entierro un montoncito
de anhelos

mezclados con un ramito
de hojas secas y semillas
de Ibirapitá
para que se enraícen y florezcan
la primavera siguiente

Biografía

Débora Guerrero nació en la ciudad de Santa Fe, en una familia de clase media baja. Actualmente tiene 43 años y vive en San José del Rincón, una ciudad (con características de pueblito) vecina. Es comunicadora social y Secretaria de Prensa en una organización gremial. Hace dos años que realiza el taller de poesía “Un sapo intuitivo”, junto a Javier Roldán.