1. Leyenda
Esos ojos de cocodrilo me miran
pero estoy seca de sangre
en este sueño repetido.
Aquí las escamas siempre son gigantes
cuando me hundo en ellas.
Mudo, tornasolada, otra piel.
Y sé que nunca me agotaré
mientras dure la palabra.
4. Desdoblamiento
Ciega al fondo de un caleidoscopio
mis dedos comandan,
torpes titiriteros,
al cuello y las rodillas.
Con una exhalación ahogada
salgo y navego entre humos
que me envuelven.
El goce de andar
sin peso, esquiva,
inhalando solo los saltos al vacío
me hace brotar en algo sin límites.
Mientras,
mis adentros secos vomitan
en busca de su inquilina
que llega exhausta con fotografías ajenas,
tal vez una investidura del pasado.
Me separo de mí
tan seguido
que ni lo noto.
Solo las estelas de los viajes
me dan pistas
y mis ojos adormecidos piden:
-Déjame cerrar
y abrir los humos
sin pupilas cercantes;
soplar fuera de los pulmones
las cortinas oscuras
de la carne hinchada
y nervios verde-decadente.
Tratando de reconciliar
estas articulaciones con mis sueños,
así, bailo.
Con la música de susurros urgentes
chocando contra la inercia.
7. Talismán
Las cartas del mazo,
como anémonas,
respiran el agua del día.
Los cristales diminutos que anidan
dentro de mi garganta
se vuelven purpurina inconsecuente.
Tragarla es comer arena,
la saliva dulce calcificándose
mientras afuera las lenguas
de espuma uraniana -no,
afrodítica- me secan la piel de arrecife.
Persevero y trato de convencer
a mis poros que el cobalto es un buen aceite.
No escupo una sola palabra
hasta que la arena, la purpurina, el cristal
engendran la carta de mañana.
El colgado, el colgante
yo colgando de una amatista
de mi propia sal.
8. No encuentro
No encuentro la costura rota
ese lugar por donde se cuela el vapor,
como inhalado.
No hay nada frente al espejo.
Tampoco, no,
no identifico el óxido que chirría
en ese momento que me volteo
alejándome de mi imagen.
Yo-recién-leudada entro al cuarto
y me seco con la ventana abierta,
tratando de descubrir cicatrices
pero no encuentro sus historias.
Encuentro mi toalla aunque no
las fotos de la visita al museo
¿o no me encontré ayer en el castillo,
en aquella torre?
¿Soy el mismo error –
un fracaso del reflejo?
No.
Los dobles existen
y mis costuras lo atestiguan.
No veo todas las marcas,
nunca las encuentro a tiempo.
El espejo me revela otra cocción
mutando, esta vez aprendió y están
todas las hermosas cicatrices
ahí a la vista.
Esta yo-otra nos encierra a todas.
No va a tener problemas
encontrando sus huellas, sus pasados.
Su piel es nuestro palimpsesto.
10. Ciclos
Enterré una montaña.
Traté de no erguirla
pero me teñí de púrpura
y salí entre todo el verde
saturada y contenta.
¿Qué sucederá previo al caer
del balcón al colchón inflable,
antes de quedar expuesta
al truco, al desengaño?
No hay más.
El verdadero conjuro
resuena insospechado
bajo la tierra.
Un trueno que irrumpe
y renueva, así, el ciclo.