Poemas de Lucas Collantes

Fotografía: Lucio Pacheco

El gauchito

 

¡Ay gente! Pueblo querido,

me tiene loco su estampita.

Me quiero arrodillar y rezar en cuatro patas cual perro. 

No hablo del santo rojito gil, 

verso sobre otro milagro.

¡Ay! Mis baqueanos,

pienso en él y mi entrepierna le encaja un sapucay

No doy más, estoy encajetadísimo.

El carpincho del amor hizo su nido húmedo en mi pecho.

Me enamoré de un gaucho, con bombacha y hasta boina.

Está más tapado que la Virgen de Itatí,

pero tienes faroles celestes en la mirada.

Es rubio como el lomo de un dorado al sol.

Una boquita redonda y músculos por todas partes. 

Es un petiso culón que cuando me habla en guaraní,

me da ganas de ser su wacha, cocinarle y darle muchos gurises.

Vos sos el gaucho y yo la china.

¡Ay! pero este gaucho tan fornido y bien pintado es tan puto como yo

Así como peregrina, pide a gritos chupones en sus gambas caminantes.

Después de la galopeada, me monta a mí.

Es tan buena persona, del Interior proviene,

y cada que me prueba dice: ¡Que rico nene!

¡Ay! Mi gente, que generoso el Taragui

Nos dio el Paraná, el chamamé y el tronco venoso del gauchito. 

¡Que ganas de ser vino para que me agarres del pico!

¡Que ganas de ser ganado vacuno para que me tumbes contra el pasto!

¡Que ganas de ser alambrado para que me claves así nomas,

a guacha pelada,

a gaucho pelado

duro contra el muro 

y potente frente al monte!

¡Ay! Que ganas

Veni gauchito, te voy a recitar

¿Acaso no sabes que nuestra provincia es conocida por su tradición oral?

Veni, gauchito lindo, mantene viva esta costumbre.

Sacame la ropa y guitarreame toda.

Seamos maricas deseantes,

                                            tan ofensivamente correntinas. 

Sacate la bombacha y la camisa, yo te ayudo, 

                                                                          la boina en el suelo y dejate las alpargatas porque así me gusta más .

Montame como a tus caballos, aullemos a la luna.

Ni el Pombero ni el Kurupí se atrevieron a tanto.

y que toda la provincia sepa:.

Corrientes tiene payé, y también, gauchitos trolos con ganas de amar.

 

 

Onicofagia

 

Una vez tuve un novio.

La personas nos decían lesbianitas,

                                                         por lo femenino de nuestro sexo acrobático.

Me enseñó a querer mi exterior,

era manicuro, 

sabía perfectamente estetizar, 

                                               no amar. 

Antes de conocerlo, me comía las uñas.

Viéndolas, prometió arreglarlas.

Resaltó las estrías ungueales,

y como el más sádico de los odontólogos,

                                                                    impuso su torno.

Todo en él siempre fue muy lacerante. 

Bañó mis dedos con aceites y curó cosas que no sabía rotas.

Hizo creer a mis dedos que era bueno.

Sin embargo, maldita circunstancia,

                                                          no era para mí.

No le gustaba mi contradicción. Odiaba:

 mis libros llenos de polvo,

                                            la libertad de la poesía,

                                                                                  mi mirada perdida en la lúnula.

Seguramente detestaba a ese niño

                                                         -pequeño retoño ansioso,

insoportable onicófago. 

Curiosa costumbre, devorar caprichosamente la queratina,

Recuerdo hacerlo  hasta el sangrado.

Adoraba torturarme.

Él se fue, lejos fortuitamente.

Son pocos los días que lo extraño

                                                       -breves momentos de amnesia.

Amaba el producto, no el proceso.

Que el poema sea recordatorio:

él tenía las más hermosas esculpidas pero debajo

                                                                               terribles garras de harpía.

Era obvio su objetivo:

                                    el indecible desgarro. 

Pasó el tiempo, mis uñas están largas y fuertes.

Las mimo cada tanto, con aceite de almendra

                                                               -besitos en el idioma de las cutículas.

Pretendo dejar todos los hábitos dañinos.

Sólo faltaba encontrar en el desorden:

                                                              eso que amas que amen.

Batato Barea decía:

no hay ninguna tragedia en amarse a uno mismo

porque no hay ninguna posibilidad de que surjan rivales.

Estoy de acuerdo. Entre maricas nos entendemos.

El quebranto ya no es una opción,

                                                       ahora como bombones, nuevamente enamorado.

Y procuro uñas filosas, 

                                       por si acaso reaparece. 

 

 

Mostra de río

 

Nací en Corrientes, entre payé y tradiciones.

en la nostalgia de la siesta, mi alma se transformó en palabra. 

Que el amor y la furia de nuestros humedales los empape. 

Soy Yasí Yateré, rubio cuál dorado,

un querubín andrógino.

Soy el espíritu inmenso de la tierra sin mal

mi piel es líquida, transparente.

Los esteros son testigos de mi consagración:

la razón de mi vida será recitar al monte y sus monstruos. 

Hermano, hermana, hermane

¿Acaso no escuchás como lloran los animales?

¿No ves cómo violan su cuerpo y queman su follaje?

Esa inmundicia está destruyendo nuestro templo.

Ellos no saben que en mi habitan muchos,

existe un aquelarre de duendes y poras,

espíritus listos para combatir las llamas de la humanidad. 

Sólo mis versos pueden despertarlos.

Que los alacranes invadan sus camas

Que las palometas destrocen sus cuerpos

Que el calor los sofoque,

quieren humo y cenizas, eso tendrán.

Invoco al Mboi Tui

terrible serpiente, reina de las monstruosidades acuáticas .

Manifestate en esta cúpula, que suene tu cruel cascabel,

que se batan tus plumas de Quetzalcoatl litoraleño.

Mostrales a quienes te odian la fuerza del bosque. 

Mostra de río, 

alivia este ardor.

Cura la tierra con tu belleza destructora,

arrancá de nuestro paraíso a quienes te ven  como capital.

Liberá las aguas del río, ahogando a todos.

No somos malas, queremos justicia.

¡Esos asesinos destripan nuestra estirpe!

El vergel sagrado debe perdurar, 

aunque eso implique el fin de los humanos.

Ellos, tan atados y arrogantes,

verán con terror un futuro rojo y encendido. 

Los monstruos somos el espejo de su dichosa imperfección.

Seremos, también, los agentes infecciosos de su propia enfermedad. 

El monte ya no canta, sólo arde.

Nosotres no habitamos más el campo de la mitología.

El monte ya no canta, sólo arde.

No somos amenaza, somos advertencia. 

El monte ya no canta, sólo arde. 

El agua apagará el fuego y sus vidas.

El monte ya no canta, sólo grita.

Biografía

Lucas Gabriel Collantes (Corrientes Capital, 2001) es un poetx y autor correntinx, que se autopercibe no binario. En el 2018 publica su primer libro de cuentos “Conticinio” y, actualmente, se dedica a difundir eventos y ciclos de poesía oral en la capital correntina (La Conjura de Urano, entre otras). Además, Lucas cursa el penúltimo año de la Licenciatura en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba.