Bisagra
enhebrar el herraje,
que arma la bisagra.
enhebrar el hilo,
zurcir,
lo que la aguja perfora.
bisagra
cierra
y transforma.
como rallador al queso.
bisagra
abre
y transforma.
como chispa, entre miradas
tras el primer bocado, al dulce
tan deseado
Busco el sonido de tus palabras
quise poner en palabras el sonido de tu voz,
solo logre un aguacero insistente y parejo
como lluvia que te despierta temprano en la mañana.
el ruido de las gotas nos
hace hablar un tono más alto,
entrecortado por el sonido de un mate.
de esos días que nadie quiere esfuerzo
y terminamos en silencio
simplemente hablando
a través del sonido de las gotas, insistentes,
como tu lengua
empeñada en dar saliva a mi boca.
sigo buscando el sonido de tus palabras.
solo recibo ecos transeúntes
y el rasguido de algún rayo.
lluvia, pájaros, viento, persiana que se levanta…
Todos esos sonidos
y tu voz,
que no me llama.
Barro, saliva y cemento
“…los horneros suelen construir un nuevo nido cada año…”
avanza el albañil y su obra,
implacable rellena
con cemento, monte y cielo.
tic-toc, el tiempo…
parece que se nubla o un edificio tapa el cielo.
a la par
un casal de horneros
elige un poste de cemento,
remontan el nido:
una de barro,
una de saliva,
una crin de caballo.
una de cal,
una de arena,
una de deudas.
un tordo negro canta
llamando a la hembra,
muestra la casa que construye el hornero.
también canta contento el dueño
de autos, casas y obreros,
muestra la casa que construye el hornero.
Quedan varias cuotas de frío,
alguien atiza un leño.
juntan las cenizas,
picotea restos de carne el tordo negro,
entre patitas embarradas
y zapatos con cemento.
destrucción y construcción
se amalgaman en:
una de barro, una de cal
una de saliva, una de arena
una crin de caballo, una de deudas.
se habitúa el hornero
a vivir rodeado de cemento.
se habitúa el obrero a demoler montes
y desviar esteros.
moviéndose de obra en obra
cómo hace, nido tras nido el hornero.
la hembra tordo festeja,
serán ese guapo casal de horneros
que empollaran y criaran sus huevos.
Celebra el dueño de casi todo
ganó un metro cuadrado
también un nuevo nido de hornero…
Esponja de acero
lastima mi mano
una esponja de acero
de tanto fregar
el fondo del sartén,
me pregunto por qué tengo
las manos ajadas,
si solo se cocinar, lavar ropa, fregar vajilla
y huele mi abrazo a detergente.
mi padre,
mi hombre, al otro lado de la pared,
inventa nuevas puteadas,
y da mazazos contundentes,
el sabe cambiar un amortiguador
y sabe hacerse esperar en la mesa.
esa mesa tendida por gente como yo,
que no sabe porque
reacciona el lagrimal
ante una cara triste.
y alivia el miedo susurrando una melodía de cuna.
sigo preguntándome porque
tengo tierra bajo las uñas,
si solo crio árboles y alguna verdurita de huerta.
!qué espanto, si mi padre me viera llorar¡
por eso pelo cebollas
y escucho a Charly y a la Negra a escondidas.
por suerte el lavarropas se detiene.
mientras tiendo la ropa,
al otro lado del alambrado
mi padre revisa el aceite de la camioneta,
le pregunto si le hace mantenimiento.
No me contesta…
Me ignora, sabiendo que no me importa,
porque me criaron para ser todas las madres del mundo,
las madres que nunca tuve…
una que malcría a sus hijos,
que no sabe ser padre.
la fuerza de los brazos de mi padre
se contrasta con la fuerza de mis brazos
que tuercen la ropa
recién lavada.
el no entiende porque no es mi ejemplo,
porque no agarro un martillo,
alambres y levantó una casa
o sostengo con mano firme
una pinza para cambiar un amortiguador.
ve que pierdo el tiempo plantando árboles
para que mis hijos trepen
y algún día un nieto se hamaque.
el lavarropas se detiene otra vez,
al arroz le falta poco,
mi hija nota que lloro sin pelar cebollas.
se apoya en mi espalda.
Simulo que no lloro,
(me tarareo una canción de cuna)
respiro profundo
y soy el hombre duro
que siempre quiso mi padre…
cantamos juntos… rezo por vos
Entretejidos
Talar un espinillo a machetazos.
encender el fuego.
abrir un vino y de fondo una peli en voz baja.
Tejer juntos, una bufanda,
con el gato a los pies.
Armar una cápsula
en el sillón bajo los acolchados.
Olfatear aromitos en tu cuello,
ovillarnos como lana,
acariciarnos el pecho como corteza de árbol.
Ronroneando sueños,
entretejiendo mañanas.